Cuál es el recuerdo más antiguo que tienes?

Algunos de mis amigos siempre me han acusado de tener “buena memoria, aunque yo disputo eso. Principalmente, porque aunque si reconozco que tengo cierta capacidad de retener datos inútiles en la cabeza (como por ejemplo, cuantas temporadas llevan los Cerveceros de Milwaukee jugando en la Liga Nacional (16)), en general tiendo a olvidar otras cosas mucho más importantes y trascendentales para mi vida y mi carrera, como por ejemplo, cómo funciona el algoritmo Tomasulo.

El concepto de memoria eidética ha sido altamente controvertida por décadas. Yo tiendo a estar de acuerdo con el consenso mayoritario científico, de que no existe tal cosa. Por ejemplo, Magnus Carlsen, el gran campeón de ajedrez, es capaz de escribir en un papel todos los movimientos de las partidas que juega en un evento de esos de ajedrez contra varios oponentes simultáneamente. Pero le hicieron una batería de pruebas en las que le pidieron que intentara recordar una serie de jugadas no convencionales (como por ejemplo, el caballo corriendo en diagonal, el alfil como la torre, etc.), y no fue tan preciso, quizás porque lo que le ayuda a recordar esa información son ciertos patrones y no una recordación fotográfica.

Pero en fin, volviendo al tema principal, mi recuerdo más antiguo. Tengo un par de requerimientos para que dicho recuerdo sea válido: primero, no se valen recuerdos de los que exista algún material fotográfico. Esto para evitar sesgarse, porque yo he visto fotos de cuando tenía 1 año de visita en Medellín, y veo los mismos muebles y la misma casa de mi abuela, pero no tengo más nada. Esa “memoria” no vale. En ese mismo orden de ideas, ojalá que el recuerdo no sea algo que algún familiar cercano te haya contado con frecuencia, por la misma razón, te puede crear un sesgo y darte un falso positivo.

Después de mucho pensarlo, el recuerdo más lejano del que puedo visualizar (muy borrosamente, por cierto) es de marzo de 1978. Tengo un recuerdo de mi hermano recién nacido. Recuerdo ver su cabello parado acostado en la cuna en la casa donde vivíamos en San Jacinto. El problema que tengo es que no estoy seguro si me estoy sesgando por fotos que he visto de él estando tan bebé. Y lo peor, es que no tengo mayor recuerdo de más nada. Sólo recuerdo verlo allí. De allí para adelante, de lo que si tengo unos recuerdos muy lúcidos fue del año que viví en Medellín con mi abuela, cuando tenía 4 años de edad. De eso si recuerdo muchas cosas, como por ejemplo, que me matricularon en un colegio en Aranjuez llamado “Instituto Riquelme”. Lo veo todo, nítido.

Notas de un regreso que nadie esperaba, ni siquiera yo

Atención pido al silencio
y silencio a la atención,
que voy en esta ocasión
si me ayuda la memoria,
a mostrarles que a mi historia
le faltaba lo mejor.

Viene uno como dormido
cuando vuelve del desierto;
veré si a esplicarme acierto
entre gente tan bizarra,
y si al sentir la guitarra
de mi sueño me dispierto.
-La vuelta de Martín Fierro

Sin mucha fanfarria he decidido resucitar este blog por tercera o cuarta vez, dependiendo de cuál sea la definición de resucitar. Y digo sin mucha fanfarria porque no regreso precisamente aclamado por los millones de lectores que tuve en algún momento y me aclamaban sin cesar para que volviera. De hecho, más que resucitar, esto es más bien un reboot hollywoodense: asumiremos que todos los intentos anteriores nunca existieron. Como buen ingeniero de sistemas que soy, conservo todos mis backups del blog anterior en order cronológico, ordenado por tamaño de manera incremental y guardados de manera redundante en la nube y en memory sticks en una gaveta bajo llave (a diferencia de mi amigo @cellanos, que perdió todos sus mp3s y fotos que le tomó décadas acumular el día que se le fundió su servidor NAS). Sin embargo, no voy a restaurar ninguno de esos archivos. He pasado por momentos muy amargos en los últimos 2-3 años, y como muchas otras cosas de mi vida, he decidido reiniciar de cero, reinventando paradigmas en una sinergia táctico-estratégica que incluye diferentes soluciones de hardware, software y combinación de todas las formas de lucha (¿?).

Habiendo dicho eso, si quiero dejar en claro algunos cambios a los que estaban acostumbrados al “otro” blog, y también, que a diferencia de la vez anterior, este blog tiene una regla. Una regla vital. Una regla importante, que finalizará este meta-post, en letras mayúsculas, para que quede claro. Una regla que no admite ninguna excepción, es obligatoria, de carácter no opcional, hay que cumplirla, para que quedemos claros desde ahora. Comencemos entonces por los cambios:


1. Se acabaron las épicas: Me acuerdo que una vez escribí un artículo dividido en 3 fascículos de 3000 y más palabras cada uno en los que explicaba porque Edgar Rentería no merecía ir al Salón de la fama. Eso no lo van a volver a ver por aquí. O mejor corrijo: a lo mejor sí lo van a volver a ver, pero en muy raras ocasiones. Como una vez al año, o menos. Hay dos razones principales: primero, porque eso me ponía mucha presión de escribir cada vez más elaboradamente, lo cual redujo considerablemente mi output. La segunda es que rara vez valía la pena. En el caso de Rentería, me desgañoté escribiendo todo eso, con números, gráficas y citas, para que un carajo me escribiera en los comentarios que como se notaba que yo nunca había jugado en la vida y que por ende no sabía nada de nada (falacia lógica: argumentación por autoridad). Y ese fue el único comentario que recibí, 9000 palabras después. En este nuevo formato, esta es la forma en que se escribirá ese mismo post:

EDGAR RENTERÍA, NI POR EL BERRACO AL SALÓN DE LA FAMA.
Los números que tiene no le alcanzan. Gracias.

Igual me van a insultar de todos modos, y me voy a ahorrar todo ese esfuerzo. Así como la banda británica Yes en su momento dejó de producir esos cortes que ocupaban un long play completo y se reinventaron para grabar canciones punk de 2 o 3 minutos, todo será más breve de ahora en adelante.

2. No todo será texto: Tumblr ofrece postear en audio, video, chat y texto. Voy a experimentar con esas opciones a ver cómo me va. Vendrán invitados especiales, como los hijos de los Corraleros de Majuagual, por ejemplo.

3. La frecuencia de publicación si sigue igual: Algunas veces serán varias veces a la semana, luego pasarán 2 meses, luego aparecerán 3 entradas consecutivas, etc.

4. El lenguaje soez: En el pasado, cuando escribía, nunca utilicé malas palabras. Es claro que yo soy un chabacán que raya en la corronchez y siempre traté de escribir tal cual así como hablo, pero siempre tuve el cuidado de no utilizar lenguaje obsceno. En esta ocasión, si voy a utilizar al menos una mala palabra. No sé si futuras entregas van a contener ese tipo de lenguaje tan grotesco (trataré lo más que pueda de que no), pero prefiero advertir que al menos esta entrega va a tener una palabrota. De ante mano ofrezco disculpas, pero es la única manera de establecer los parámetros de lo que quiero.

5. *La* regla: Y aquí hemos llegado al punto culminante. La regla. Como ya dije, es obligatoria, no hay excepciones. La regla me tocó imponerla después de que me han acusado de ser chavista, cordobista, hincha de la selección Argentina y en términos generales, un completo cretino (falacia lógica: argumento ad hominem). Esta es la regla:
== SI NO TE GUSTA LO QUE ESCRIBO, ENTONCES NO TE LEAS UNA MONDÁ ==
Comunícase y cúmplase.

No tengo caballo en esta carrera

La lógica me dicta que debería alegrarme una victoria alemana, equipo que practica un fútbol exquisito de rotaciones y muy vertical (muy al estilo del fútbol total que siempre he romantizado), lo mejor de este mundial inolvidable. Pero siempre he detestado la selección alemana desde que tengo memoria, además, no me gustan esos equipos que siempre ganan (como los Yankees, Manchester United, Real Madrid, Nacional (el de Medellín y el de Montevideo, el de Asunción si está bien), etc.). Por otro lado, mi enorme cinismo no deja de desear que gane Argentina, solo para ver con que van a salir ahora los detractores de Messi. Nunca he entendido eso de que “hasta que Messi no se consagre en un mundial no puede considerarse uno de los grandes”. Los números dicen que el 10 de Argentina ha jugado en su carrera 548 partidos y ha anotado 407 goles (aparte de Pelé nadie ha hecho algo similar).El motivo por el cual mucha gente cree que un espacio muestral de 7 juegos es más significativo que uno de 548 escapa mis poderes cognoscitivos. Por eso mi cinismo se crece en proporciones bíblicas de solo pensar cual va ser la falacia lógica que los “antimessistas” van a sacar ahora para apocar su brillante carrera. Lo malo, es que Argentina es una selección que me es completamente indiferente, y si nos concentramos en el tema meramente deportivo, Alemania debería ser el justo ganador. Además de lo entretenido que es leer Clarín digital cada vez que Argentina pierde.

Que gane el que sea. Honestamente ni la victoria (o derrota) del uno u el otro me alegrará o entristecerá significativamente